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El kirchnerismo derrota a Macri: entre el ocaso y el último de los relatos

Miércoles 10 de Julio de 2019 

GERMÁN FERMO 
Head of Strategy, IEB

Nuestra elección más relevante. Tengo la sensación de que Cambiemos ganará estas elecciones por más margen del esperado porque todavía creo en una nación en donde mayoritariamente sus ciudadanos priorizan la decencia por sobre el saqueo, en donde mayoritariamente se exalta la libertad por sobre la tiranía de las dictaduras de izquierda, en donde mayoritariamente se reconoce que del despilfarro se sale sólo con dolor y costoso sacrificio tal como venimos padeciendo desde hace tres largos años y en donde por sobre todo se comprende que sin la excluyente dignidad de la libertad, que sin república, que sin democracia, que sin instituciones, que sin respeto supremo a nuestra única e inmodificable Constitución, ninguno de nuestros actuales males podrá ser resuelto.

La herencia populista ha condenado a esta nación a un nivel de pobreza no visto antes, es hora de tomar la pérdida y comprender que liberarnos de semejante mochila llevará al menos dos décadas. Nos llegó el tiempo de empezar de una vez y darle una chance a la generación que sigue. En esta elección nos jugamos nada más y nada menos que la oportunidad de seguir siendo libres o esclavizarnos eternamente en manos de un comunismo de Estado tal como hoy ocurre en Venezuela.

Naranjas en 90. En sus doce años de gestión económica, el kirchnerismo nos obligó a vivir de relatos y así como nos contaban que en Peronia había menos pobres que en Alemania, que en Peronia la inflación era sólo una ilusión, que en Peronia la inseguridad era una mera “sensación”, que en Peronia no existía un cepo cambiario, que en Peronia estar en default no importaba, se atreven ahora a prometer en campaña todo lo no hecho antes, como si semejante legado no estuviese a la vista de todos. El kirchnerismo parecería haber convergido a un movimiento construido en función de historias inverosímiles, una Playstation de realidad virtual, un relato permanente y repetitivo que ya no tiene fuerza para convencer mayorías porque la soja vale menos de la mitad que en 2011 y no nos queda por lo tanto, nada más para revolear y regalar. Lo cierto es que el kirchnerismo hasta parecería haber dejado de ser peronista convirtiéndose en un grupo extremo con ADN trostkista que se va asilando del mundo mientras transcurren los tiempos teniendo al caos, a la miseria popular y al helicóptero, como únicos aliados potenciales.

Y como golpe final a este aislamiento vino el estrepitoso anuncio de un acuerdo histórico entre el Mercosur y Unión Europea que el kirchnerismo ansió pero no supo conseguir y que a su pesar, finiquitó exitosamente el Presidente Mauricio Macri. A esta altura de los acontecimientos, los augurios de victoria kirchnerista para este 2019 parecerían constituir el último de los relatos K, el final y lapidario arañazo para un perro que se pasó la vida mordiéndose la cola.

Más vale suerte que capacidad. Me relataban por abril de este año que el entorno K le llevaba 9 puntos de ventaja a Cambiemos. Sin embargo, desde esa esotérica encuesta varias cosas han acontecido implicando un rotundo golpe de timón que comienza a desnudar a un kirchnerismo como pasivo testigo de una derrota electoral que a esta altura comienza a verse como inminente y por sobre todo, irreversible.
Primero, de golpe y sorpresivamente, las tasas internacionales comenzaron a bajar fuertemente fruto de una economía norteamericana en plena fase de enfriamiento. Un mundo de tasas bajando favorece a mercados emergentes como la Argentina.
Segundo, de golpe y sorpresivamente, fruto de un shock climático en USA, la soja y el maíz comenzaron a recuperarse de un inicio de año muy duro para commodities alimenticios. Este aspecto claramente también favorece a la Argentina.
Tercero, la potencial guerra de tarifas entre China y USA parecería haberse calmado reavivando el apetito por activos emergentes, aspecto que también beneficia a la Argentina.
Cuarto, fruto de tasas bajando, el dólar a nivel mundial comenzó a operar en descenso frente a las principales monedas emergentes. De esta forma para pesar de un kirchnerismo que tiene como única carta de campaña ver a Mauricio Macri en helicóptero, a nivel global el mundo comenzó a operar muy favorablemente en todo el espectro de mercados emergentes, aspecto que claramente favorece a la Argentina, sacándole presión en dos frentes muy relevantes: a) cambiario y b) riesgo país.

Las maratones nunca las gana el que arranca primero. Pero lamentablemente, la agonía K no termina aquí. En estos últimos meses tres decisiones han sido claves para ir torciendo el destino de una elección que ya observa cómo se diluye la ilusión de una victoria K. Primero, el nuevo acuerdo con el FMI le otorgó a Cambiemos un aliado que había perdido desde abril 2018: ancla cambiaria. A partir de dicho evento y apalancado en un mundo que vende dólares, el Presidente Macri consigue su victoria electoral más relevante: estabilidad del dólar. Y de la mano de esta tranquilidad cambiaria se comienza a gestar un círculo virtuoso en varios frentes:

a) se calman las expectativas inflacionarias, b) se comienza a desacelerar la inflación real, c) la locura argentina comienza a bajar los decibeles, d) y la imagen del Presidente Macri empieza a ganar terreno a velocidad en desmedro del kirchnerismo.

Segundo, el cambio de fórmula kirchnerista ha sido un total fracaso. Las últimas incorporaciones al frente K no le han expandido la base electoral como se pensaba originalmente y a la vez denotó desde el inicio una señal de debilidad electoral por una sencilla razón: en Peronia, candidato que viene ganando por 9 puntos no se baja, no es casualidad que el riesgo país haya comenzado a colapsar muy sustancialmente desde dicho evento.

Tercero, la incorporación del Senador Pichetto a la fórmula macrista incorpora un antídoto kirchnerista: una parte significativa del peronismo federal está ahora del lado del Presidente Macri. Como se observa entonces, a las cuestiones internacionales del primer párrafo se le suman decisiones locales descriptas en estas líneas con un resultado potencialmente letal para el kirchnerismo: el momentum de aquí al final de las elecciones es de Cambiemos y faltan todavía cuatro largos meses en donde la imagen del Presidente Macri probablemente irá creciendo versus un irremediable debilitamiento K.

¿Elucubraciones mías o algo más? Hasta podría decirse que todo lo escrito en esta nota es solo el fruto de mi crispida y confundida imaginación. Pero lo cierto es que Wall Street hace mes y medio que viene tomando nota de un cambio en el momentum político de nuestro país que ha comenzado a reparametrizar todo nuestro espacio electoral. Nadie paga lo que no cree y Wall Street encarna a un mundo que bajo dicha filosofía comenzó a comprar activos argentinos masivamente. Wall Street es la encuesta más confiable porque pone la plata donde pone la boca. En este elocuente cambio de tendencia las acciones subieron más de 60%, los bonos se recuperaron en más de 10% y el riesgo país medido por el CDS a 5 años colapsó en más de 300 puntos. Al igual que yo, Wall Street olfatea una victoria macrista en las presidenciales del 2019 y esto recién empieza. Bienvenido sea por nuestra libertad, el bien mas sagrado de un humano.