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¿Dólar en 1000?: vamos por todo, CFK presidente y la miope odisea de los tontos

GERMÁN FERMO
Head of Strategy, IEB

La estabilidad es endógena a nuestra actitud política. Lo que ha hecho el dolar y el riesgo pais en estos últimos días de locura es una mínima expresión de lo que nos espera si retorna el kirchnerismo al poder. La buena noticia, sin embargo, es que la esquizofrenia de los últimos días puede neutralizarse con una simple decisión: enviarle a Wall Street la señal de que no votaremos kirchnerismo en las presidenciales. Si el mundo percibe que le decimos no al cisne negro K, todo se calmará y retornaremos al escenario base de mediocridad asistida, complicado, pero no caótico.

Por lo tanto, el tiempo de rechazar enfáticamente al club K y dejar de jugar con fuego es hoy mismo, mañana puede ser muy tarde. Desde enero vengo comentando que no oponerse al populismo extremo desde el inicio resulta en una formidable ingenuidad. Me pregunto hoy cuánto ingenuo despreocupado sigue pensando lo mismo con el kirchnerismo aparentemente primereando en las encuestas y el dólar volando en consecuencia. Lo ocurrido en estos días es innecesario y por, sobre todo, corregible rápidamente.

¿Castigo a quién? Al argentino distraído y confundido de siempre le comento: el rechazo del mercado y el salto del dólar no es contra Mauricio Macri, sino todo lo contrario. Se refiere a la reacción de un mercado internacional que enloquece ante lo que entiende es una chance potencialmente concreta de que el kirchnerismo pueda volver a hacerse cargo de esta bendita tribu a la que llamamos Argentina.

Un castigo amarillo en este contexto implica autoinfligirnos una crisis innecesaria y costosísima de la que no habrá retorno institucional posible. Si el kirchnerismo vuelve al poder, el único perjudicado será el argentino de pie: esta vez, el ofuscado señor X lo va a pagar más caro que nunca. Recuerden, estamos mal, pero nuestra somnolienta miopía puede llevarnos a un estadio infinitamente peor que éste. Entiendan también que los mercados se dan vuelta como una media ante la menor sorpresa posible y anticipo, se vendrán muchas en todos los frentes. Esta guerra entre el “malo” y el “pésimo” recién comienza y durará seis interminables meses.

Todo será cuestión de probabilidades al ritmo de las encuestas. No me sorprendería observar embates y titulares de todos los frentes: Cambiemos, peronismo no extremo y kirchnerismo al menos hasta junio 22, fecha en donde sabremos los candidatos. Anuncios, sorpresas, mentiras y un arsenal de estrategia política irán moldeando las probabilidades de la Argentina que se nos viene. Sería muy útil que el argentino comprenda que de estas probabilidades dependerá el valor del dólar y el riesgo país, lo cual ubica a mis compatriotas en una situación de suma responsabilidad mucho antes de votar.

Si por nuestra apatía preelectoral el mercado sigue asignando probabilidades crecientes al escenario K, el deterioro de las variables macroeconómicas y financieras puede ser tal que podemos hasta quedarnos sin PASO y sin octubre.

En democracia cada uno es dueño libre de su elección y bajo esta premisa me permito comentarles a mis camaradas argentinos: no subestimen el riesgo que tenemos frente a nosotros, no subestimen lo dañoso que puede ser la apatía preelectoral dada la suma sensibilidad actual de nuestra economía, involúcrense ya mismo en lo que serán las elecciones más crispidas que hayamos visto desde el retorno a la democracia.

Paradójicamente, el tránsito hacia noviembre quedará determinado notablemente por una secuencia enorme de actitudes previas en mano de cada argentino con chance de votar: las probabilidades dependen de nosotros y el dólar y el riesgo país también. Por si no se dieron cuenta todavía, el 2019 es un año que nos obliga a elegir y comprometernos mucho antes de las PASO.

¿Un tiro en el pie? Es una lástima que la mayoría de mis compatriotas no esté para elegir una opción superadora que nos libere de la dicotomía M o K, pero para no llevar el debate al plano de lo utópico, es lo que hay. El argentino mayoritariamente sólo está dispuesto a elegir entre Cambiemos o Kirchnerismo, el resto se viene diluyendo fuertemente. Esta dilución ha tenido consecuencias negativas notables en especial, desde la publicación de la fatídica encuesta que daría por “ganador” al kirchnerismo ante un eventual ballotage.

Desde entonces, las acciones bajaron 20%, los bonos cortos 8% y el dólar trepó por sobre 6%. Es la primera vez que el mercado comienza a asignar una probabilidad concreta y creíble a que el kirchnerismo pueda ganar las presidenciales de este año. De esta forma, toda variable económica y financiera posible ha quedado totalmente contaminada de un riesgo político con sabor exponencial a Armagedón K.

El retorno del kirchnerismo a la presidencia sería una catástrofe para la economía argentina y los mercados internacionales así han comenzado a expresarlo. Se nos vienen seis meses eternos plagados de riesgo político que seguirá dañando a una economía que a cuenta gotas intenta levantar la cabeza. Cambiemos llegará con la economía rota a las elecciones, más que nunca habrá que entender entonces que la principal dimensión de esta contienda política no es el bolsillo sino la “ética”. Que el enojo no nos tape el bosque, que el enojo no beneficie a los “pésimos K” en perjuicio de los “malos amarillos”.

Lamentable: la economía deberá esperar hasta 2020. El 2019 no es un año para la economía, la política dominará plenamente la escena y dejaremos a un paciente terminal que requiere inmediata cirugía en terapia hasta tanto los políticos de Peronia diriman quién se adueña del trono por los próximos cuatro años.

En este contexto, castigar a Macri no significa otra cosa que tirarnos un tiro en el pie, un tiro que si gana el kirchnerismo puede llevar al dólar a volares impensados. Muchos todavía no comprenden que esta elección se dirime entre el malo y el pésimo, los argentinos no están dispuestos a considerar otra alternativa superadora. Sin embargo, del malo al pésimo existen diferencias notables. Bajo un mandato de Cambiemos, Argentina podría imaginar un sendero estable de mediocridad que se contrapondría a un abrupto caos en caso de que el kirchnerismo fuese el ganador. Otra vez más, el mundo nos mira atónito sin comprender cómo después de doce años de experimento kirchnerista los argentinos dedican tiempo todavía a considerar a los pibes K como alternativa posible. Nuevamente, nuestra miope tontera nos condena a una odisea evitable de la que no podemos escapar desde hace 74 interminables años.

¿El sueño de Durán?: el escenario se dicotomiza y por lo tanto se torna mucho más extremo y cruel. A inicios de año se pensaba de una elección entre dos candidatos con chances relevantes hacia las presidenciales: Cambiemos por un lado y el “peronismo razonable” por el otro. Por entonces, se veía al kirchnerismo como una minoría sin chances en ballotage.

Sin embargo, en estas últimas semanas, el liderazgo del peronismo razonable no mide y se va evaporando, aspecto que deja en relevancia a dos escenarios infinitamente opuestos: Cambiemos por un lado y kirchnerismo por el otro. El hecho de que se venga cayendo el peronismo razonable como escenario alternativo hace que el mercado comience a ponderar no entre tres alternativas, sino entre dos, e infinitamente extremas.

Lamentablemente, para la economía argentina la dicotomización del resultado electoral es sumamente nociva impidiendo cualquier intento posible de recuperación. Irónicamente, sin embargo, la aparente erosión del peronismo razonable como alternativa posible, deja a Durán con el escenario que más cómodo le sienta: “ella o él”, en una réplica perfecta del pasado

¿Será posible entonces que nos tengamos que fumar seis meses bajo esta permanente tensión ante la chance de ser un país mediocre pero estable o la alternativa directa de convertirnos en la caótica Venezuela sin retorno? ¿Serán éstas las elecciones más largas y dolorosas que viviremos los argentinos? Esta innecesaria odisea puede interrumpirse ya mismo si en las encuestas mis compatriotas al menos se animan a rechazar al kirchnerismo como alternativa posible: el dólar se calmaría y el riesgo país haría lo propio, tal como se observaba a inicio de año. Esto será una trituradora hasta noviembre y que Dios nos bendiga.