IEB

“A partir de mayo la inflación debería acercarse al 2% mensual”

JUAN IGNACIO ABUCHDID
Presidente, IEB

Pese a la inestabilidad, el país muestra mayor fortaleza económica a partir de la reducción de los desequilibrios fiscal y externo; el dólar no presenta atraso en términos históricos con el cambio real multilateral, y el cuadro tarifario luce coherente respecto del comienzo de la actual administración. Por Juan Ignacio Abuchdid, presidente de Invertir en Bolsa

Si bien el gobierno anterior se caracterizó en un comienzo por los superávits gemelos (fiscal y externo) y el desendeudamiento (cancelando la deuda con el FMI), luego la solidez de los “fundamentals” de la economía comenzaron a deteriorarse, más aún durante los dos períodos de CFK. Ante la crisis financiera internacional de 2008, Argentina instrumentó políticas anti cíclicas sin contar con los recursos adecuados, por lo que el superávit fiscal se transformó en déficit aún con el fuerte aumento que experimentó el precio de la soja.

Siguiendo una estrategia cortoplacista, el gobierno anterior nacionalizó los recursos de las AFJP, estatizó YPF, colocó letras intransferibles en el BCRA a cambio de las reservas y deterioró la credibilidad del INDEC. Paralelamente, duplicó el nivel del gasto público y llevó la presión tributaria a un nivel récord.

Con dicha herencia y sin contar con mayoría ni en el Congreso ni en el Senado, la actual administración comenzó con una estrategia de endeudamiento voluntario, aprovechando la liquidez internacional y tratando de reducir los desequilibrios con crecimiento económico. Hacia 2017, la estrategia comenzaba a rendir sus frutos, pero el cambio en el escenario internacional en 2018 generó un clima complejo para las economías emergentes y más aún para aquellas con signos de debilidad macroeconómica como los casos de Argentina y Turquía.

Ese contexto, llevó a la Argentina a un nivel de desconfianza en su capacidad de pago de su deuda y también a una fuerte presión sobre el tipo de cambio. Ante tales circunstancias, el país se vio en la necesidad de acudir a la ayuda del FMI.

El inicio de 2019 sorprendió gratamente a los mercados de capitales, dado que, ante un escenario de desaceleración en el crecimiento global, los principales bancos centrales del mundo decidieron detener sus políticas contractivas. En dicho contexto (denominado “dovish”), el clima ha vuelto a ser más favorable para las economías emergentes.

Desde el punto de vista de los “fundamentals” de la economía, Argentina ha recuperado solidez durante los últimos meses. Los desequilibrios fiscal y externo se están reduciendo, el tipo de cambio no presenta características de atraso al medirlo en términos históricos mediante el tipo de cambio real multilateral, el cuadro tarifario actual luce más coherente en relación a sus costos del que existía al comienzo de la actual administración y el BCRA no sólo cuenta con reservas netas positivas, sino que ha dejado de financiar al Tesoro. Desde esta lectura, el riesgo país luce excesivo al compararlo con países de calidad macroeconómica parecida.

A mi juicio, el contexto de incertidumbre política es el que eleva significativamente el riesgo. Estamos en un escenario dicotómico, en un extremo la continuidad de un esquema que tiende a insertar a la Argentina en el mundo y a establecer políticas enfocadas hacia el largo plazo. En el otro extremo, una situación “armagedónica”, dado que aunque CFK quisiera honrar los vencimientos de la deuda, es muy probable que el mercado no favorezca hacer el “roll-over” de los vencimientos de capital, por lo que se le generaría un programa financiero excesivamente estresante.   Ante tales circunstancias, los inversores se quedan esperando para tomar decisiones. Sin embargo, los mercados se adelantan. Por lo tanto, si finalmente las chances de renovación del oficialismo comenzaran a reconstituirse, los precios de los activos financieros comenzarían a recuperarse.

En las actuales circunstancias, la estabilidad del tipo de cambio parece ser fundamental. En la medida que la incipiente estabilidad de estos días pueda consolidarse, comenzaríamos a observar una recomposición en la demanda de pesos, lo cual le daría margen al BCRA para poder bajar los niveles de tasas de interés. La estabilidad cambiaria se instala como la variable fundamental a monitorear para proyectar una mejora en las posibilidades de ocurrencia de una reelección del oficialismo.

El aumento estacional en la liquidación de los “agrodólares” combinado con las ventas de dólares del Tesoro, aumentan la probabilidad de este escenario, en la medida que la demanda de divisas se mantenga estable en los actuales niveles de u$s400 millones diarios, lo cual es favorecido para la fuerte contracción monetaria que está realizando el BCRA.

En sí, abril, mayo y junio son los meses en los que se registran los picos estacionales de ventas de “agrodólares” por lo que vuelve a tener sentido aumentar el porcentaje de pesos en un portafolio. Paralelamente, luego del pico inflacionario de marzo, abril también podría superar el 3%, pero se estima que a partir de mayo la inflación debería acercarse al 2% mensual.

La estabilidad en el tipo de cambio y las bajas en los niveles de tasas de interés y de inflación definirían un contexto más favorable para la aparición de brotes verdes. Si bien es difícil esperar un crecimiento significativo en forma generalizada, al menos algunos sectores deberían confirmar signos de clara recuperación. Dicho escenario se traduciría en una mejora en las encuestas del oficialismo y un traslado de los inversores hacia los bonos y acciones.-